Soy Aarón, entrenador de balonmano valenciano. Hace más de una década que el balonmano forma parte de mi vida, y ha acabado convirtiéndose en mucho más que una profesión: una forma de aprender, de relacionarme con los demás y de entender el deporte y la vida. Actualmente trabajo en Benevento (Italia), donde continúo creciendo como entrenador, explorando nuevas formas de entender el juego y aprendiendo de cada experiencia. Te invito a que sigas ‘Diario de una nueva pista’, donde iré compartiendo mi propia vivencia como entrenador en Italia.
20/09/2026:
Hoy ha sido mi segundo día en Italia.
Y, probablemente, uno de los días en los que más he dudado de mí mismo como entrenador.
Es una sensación extraña.
Por una parte, todo ha sido mucho más fácil de lo que imaginaba. El director deportivo me ha recibido con los brazos abiertos. Me ha invitado a cenar a su casa, me ha enseñado la ciudad, el pabellón, me ha presentado a amigos e incluso a su familia.
Son gente cercana. De aquellas personas que consiguen que un lugar desconocido empiece a parecer familiar en muy poco tiempo.
Y eso es importante.
Porque una de las cosas que más miedo me daba de venir a Italia era precisamente sentirme lejos de casa.
Echo de menos mi casa.
Echo de menos a mi gente, a mis jugadoras, la rutina, conocer cada rincón, saber cómo funciona todo sin tener que pensarlo.
Pero aquí, de momento, me están haciendo sentir como en casa.
Y creo que, al final, el éxito de llegar a un lugar nuevo empieza por eso: por conseguir sentir que también puedes pertenecer a él.
Pero mañana es el primer entrenamiento.
Y ahí es donde aparece todo el ruido.
Desde que he llegado no dejo de pensar si he hecho bien.
Si estaré a la altura.
Si tendré suficientes conocimientos.
Si mis propuestas funcionarán.
Si los jugadores entenderán lo que quiero.
Si los otros entrenadores pensarán que sé lo que estoy haciendo.
Es curioso.
Llevo entrenando o ayudando a entrenar desde los catorce años (voy a hacer 31).
He pasado por muchos equipos, muchas categorías y muchas situaciones diferentes. He hecho cursos de entrenador, congresos, formaciones, he leído, he observado a otros entrenadores y he pasado muchas horas pensando en balonmano.
Pero mañana todo eso parece no importar.
Porque aquí soy nuevo.
Soy el entrenador que acaba de llegar de España.
Soy el desconocido.
Y, de alguna manera, siento que todo lo que he hecho hasta ahora desaparece durante unas horas.
Mañana tendré que demostrarlo.
Y esta presión me mata.
Pero, al mismo tiempo, es precisamente esta presión la que hace que quiera estar aquí.
Porque no he venido a Italia simplemente a seguir haciendo lo mismo.
He venido porque creo que puedo aportar algo.
Porque creo que puedo ayudar a un club con más de cincuenta años de historia a crecer.
Y porque quiero descubrir hasta dónde puedo llegar yo también como entrenador.
Supongo que las dos cosas pueden convivir.
El miedo a no estar a la altura y las ganas de demostrar que puedes estarlo.
También hay otra cosa que me pesa.
El idioma.
No dominar aún la lengua hace que muchas cosas sean más difíciles. Una explicación que en mi lengua me saldría de manera natural ahora necesita más tiempo, más concentración y más preparación.
Y eso también genera inseguridad.
Pero intento mirarlo de otra manera.
Ser un desconocido y hablar una lengua que aún estoy aprendiendo también significa que tengo la oportunidad de empezar de cero.
No tengo una historia previa con estas personas.
No tienen una idea preconcebida de cómo soy como entrenador.
No saben qué he hecho durante todos estos años.
Y quizá eso no sea una debilidad.
Quizá sea una oportunidad.
Una oportunidad para construir, desde el principio, una buena relación con las personas del club.
Para escuchar.
Para observar.
Para aprender.
Y también para demostrar, poco a poco, quién soy.
Ahora mismo estoy mentalmente agotado.
Y lo más curioso es que todavía no he hecho el primer entrenamiento.
He dudado de prácticamente todo lo que he preparado.
He cambiado ejercicios.
He revisado las sesiones.
He pensado si una propuesta tiene sentido.
Después he pensado que quizás no lo tiene.
Y la he vuelto a cambiar.
Supongo que también es normal.
Cuando empiezas algo nuevo, todo parece más importante de lo que realmente es.
Esta noche terminaré de preparar los entrenamientos.
Haré las últimas anotaciones.
Anotaré posibles correcciones para hacer durante la sesión.
Y intentaré dejar de pensar.
Porque mañana ya no toca preparar más.
Mañana toca entrenar.
Y, sobre todo, toca intentar ser yo.
No lo que creo que debería ser un entrenador en Italia.
No lo que pienso que esperan de mí.
No una versión exageradamente preparada de mí mismo para que nadie pueda dudar.
Simplemente yo.
Con mis conocimientos, mis ideas, mis errores y todo lo que aún me queda por aprender.
Mañana será el primer entrenamiento.
Y quizás no necesite demostrarlo todo en un día.
Quizás solo necesite empezar.

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